Prólogo



 
Miro de frente al ventanal que ilumina la sala, que ahora no es más que una enorme habitación vacía.
La luz del atardecer comienza a llenar los huecos de la casa con su luz amarillenta. Los destellos naranja inundan mis ojos y sigo mirando a través del cristal de la ventana. Me quedo ahí, estática, casi inmóvil. Mi mente se llena con recuerdos que me atormentan y sueños inconclusos que me asechan. Cierro los ojos y bajo la cabeza pero una lágrima atrevida sale de mis ojos y resbala por mi mejilla.
Hace calor, pero ni siquiera el grueso abrigo que llevo encima puede calentarme. Mis pantorrillas desnudas apenas sienten el calor que los rayos del sol destellan. Mi rostro ahora es una mueca de dolor. Abro los ojos e inspiro profundamente.
Levanto la vista buscando consuelo en esos muros fríos pero no hay respuestas ahí. Ahí ya no hay nada. Sólo recuerdos dolorosos que ahora lucho por olvidar. Olvidar. Ojalá olvidar fuera tan fácil. Deseo tanto que tu recuerdo se valla de mi mente pero irónicamente me aferro a él para que no te vayas nunca, como si ésta fuera la única forma de tenerte. Pero ya no estas y esa es la única verdad. La realidad es muy distinta de los sueños que teníamos.
¿Por qué llegamos a esto? Fueron tantas cosas. Hay un sin fin de razones que responden la pregunta. Finalmente aquello era algo inevitable. Pero duele. Duele tanto enfrentarse a la verdad cuando no quieres aceptar la realidad. Pero teníamos que hacerlo. Ya no quedaba más que separarnos o seguir haciéndonos daño. Pero decidiste bien. Al menos de este modo podremos encontrar la felicidad.
Tal vez un día pueda ser feliz. Tal vez. Pero ésta noche me aferraré a tu recuerdo. Ésta noche desahogaré todo el sentimiento que me inunda. Sacaré todo el dolor de perderte y llenaré mi almohada con lágrimas saladas llenas de culpa y de traición.
El anochecer llena la casa y la luna brillante se refleja contra mi piel pálida. La casa está vacía. Doy la vuelta y salgo acompañada por el eco de mis pasos. Los tacones resuenan en el piso de madera como martillos y siento escalofrío. En la mano izquierda sostengo mi bolso y me pesa. Me pesa mucho pero no lo cambio de mano. Sigo caminando hasta cerrar la puerta tras de mí, dejando atrás todos los recuerdos y toda la felicidad que un día soñé con alcanzar.
¿A dónde me llevarán mis pasos? No lo sé. Pero sigo caminando.

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Viernes 28 de Marzo
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1 comentarios:

Tania Yesivell dijo...

Que genial, es un final y es un comienzo. Bueno, ahora a esperar una semana :D